Puedes leer la primera parte aquí.

3. LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE LA FRANCOFONÍA

La Francofonía (obsérvese la mayúscula inicial), es decir, la vertiente institucional de la francofonía en tanto que espacio lingüístico y cultural, está representada por la OIF, una organización intergubernamental de carácter meramente político. Un simple vistazo a la lista de sus miembros demuestra que esta organización no se basa exclusivamente en el mapa de la extensión del francés por el mundo. Países como Egipto, Bulgaria, Albania, Polonia, Macedonia, entre otros, nos lo confirman. Por el contrario, Argelia, un país sin el que es difícil concebir la francofonía (en minúsculas), no es miembro de la OIF a causa de sus diferencias históricas y políticas con Francia.

Los orígenes de esta organización datan de la década de los 60, cuando las recién independizadas excolonias francesas (sobre todo africanas) buscaron una manera de unirse en un espacio cultural común que les sirviera para integrarse en la sociedad mundial.

Resulta curioso el fervor que pusieron en tal proyecto hombres como el tunecino Burguiba o el senegalés Senghor, quienes a la vez no tenían ninguna duda de que la lengua que ahora defendían había sido antaño la lengua que la potencia colonial utilizó como arma de conquista cultural en sus países. Una lengua que se había impuesto obligatoriamente a los pueblos locales, y con la que el opresor despreciaba a los oprimidos. No obstante, la antiguas colonias francesas supieron reconocer que la lengua francesa, por sí misma, no era culpable de su desgracia pretérita y, de modo inteligente, la aprovecharon para integrarse en el mundo postcolonial en el que vivían.

La Francofonía institucional tiene su origen en el Congreso de Niamey (Níger), celebrado en 1970. Allí se creó el primer organismo intergubernamental de la historia francófona, la Agencia de Cooperación Cultural y Técnica (ACCT), así como su operador principal, la Agencia Intergubernamental de la Francofonía (AIF).

El impulso para la creación de estas instituciones vino de la mano de cuatro hombres considerados como los padres de la Francofonía moderna. Se trata de los a la sazón presidentes Habib Burguiba (Túnez), Léopold Sédar Senghor (Senegal), Hamani Diori (Níger) y del rey de Camboya, Norodom Sihanuk.

Transcurridos veintisiete años y seis cumbres de jefes de Estado (la primera en 1986), en 1996 se celebró en Hanoi (Vietnam) la séptima cumbre de la Francofonía, que sentaría las bases de la Francofonía actual.

En dicha cumbre se acordó la creación del cargo de Secretario General, honor que recayó en el egipcio Butros Butros Ghali. En la ceremonia de clausura se leyó una declaración conjunta en la que sus signatarios se comprometían a «ayudar a la promoción y el desarrollo de la democracia, la prevención de conflictos y el apoyo al Estado de derecho en el espacio francófono».

En 1998, en la octava cumbre de jefes de Estado, la Francofonía adoptó el nombre actual de Organización Internacional de la Francofonía (OIF). Actualmente cuenta con 54 miembros de pleno derecho, 3 miembros asociados y 23 países observadores, lo cual da una idea de la diferencia que venimos señalando entre la francofonía como concepto cultural, y la Francofonía como institución, además, politizada.

Argelia, en cambio, tal como habíamos dicho, no forma parte de la organización. Este hecho es sumamente importante porque Argelia es el primer país francófono del planeta (sin contar Francia, claro está), por delante del Quebec. Por tanto, la contradicción entre la dos francofonías salta a la vista.

Michaëlle Jean, Secretaria General de la OIF | vía Google

Michaëlle Jean, Secretaria General de la OIF | vía Google

La OIF está compuesta por un Secretario General (la canadiense de origen haitiano Michaëlle Jean, desde 2014); una Conferencia ministerial, que se reúne antes y después de cada cumbre para asegurar la continuidad política de la organización; un Consejo permanente encargado de la preparación y seguimiento de las cumbres y cinco operadores, uno principal y cuatro directos o de campo. El operador principal es la Agencia Intergubernamental de la Francofonía (AIF). Dicha agencia se encarga de ejecutar los proyectos culturales, políticos y económicos que surgen de las decisiones que se toman en cada cumbre. Sus objetivos principales son la difusión de la lengua francesa a través de la cultura, la educación y la información (Internet), y defender la democracia y la justicia en el espacio común francófono.

Los cuatro operadores directos son los que siguen: la Agencia Universitaria de la Francofonía, la Universidad Senghor de Alejandría, la Asociación de Alcaldes Francófonos y TV5. Dichos operadores tienen como labor la aplicación de los programas de campo de la organización, y dependen de la AIF. El canal TV5 tiene, además, una función mediática, y actualmente puede verse en los países francófonos de los cinco continentes.

Sin embargo, el alma de la OIF está constituida por las cumbres de Jefes de Estado. Estas se celebran cada dos años. La última se celebró en 2014 en Dakar, capital del Senegal. En ella se discutió sobre el desarrollo sostenible en el espacio francófono y se escogió a la actual Secretaria General, que sucedió al senegalés Abdou Diouf, en el cargo desde 2002.

Como datos estadísticos, valga decir que la OIF cuenta con un total de 1100 empleados aproximadamente, cifra que incluye a todos los empleados de las diversas agencias más TV5, y que su presupuesto para el ejercicio anterior ascendió a 85 millones de euros (TV5 no incluida).

Relevo de Abdou Diouf en 2014 | vía Google

Relevo de Abdou Diouf en 2014 | vía Google

Desde el compromiso adoptado en Hanoi, la OIF ha intensificado sus acciones políticas, aun cuando estas tengan un trasfondo cultural. Por ejemplo, la penetración del inglés en los estados francófonos, sobre todo africanos, ha hecho tomar conciencia a esos países (y también a Francia, la exmetrópoli) de la necesidad de reglamentar la excepcionalidad cultural en el espacio de la Francofonía. Así, en conjunción con la UNESCO, la OIF ha creado la Convención sobre la Diversidad Cultural, convención que pretende proteger el patrimonio cultural de todos los países del mundo. También ha creado, basándose en el ejemplo del Quebec, el Fondo de Producción y el Fondo de Garantía Audiovisual, con el objeto de proteger los derechos intelectuales y de imagen en el espacio francófono. Además, Abdu Diuf, Secretario General de la OIF hasta 2014, envió a un representante a los JJ. OO. de Atenas para redactar un informe sobre el uso de la lengua francesa en los Juegos.

Los arriba expuestos son ejemplos de cómo la OIF, a través de acciones políticas, juega a favor de la cultura, no sólo francófona, sino mundial. Sin embargo, también existen ejemplos de actuaciones políticas desde y para la propia escena política. Así, en marzo de 2003, Antonio Mascarenhas Monteiro, expresidente de Cabo-Verde (excolonia portuguesa), fue encargado de ir a Haití para «identificar las posibles intervenciones de la Francofonía» en ese país miembro de la OIF. Otro ejemplo sería el envío, en 2003, de 22 supervisores electorales a Togo para asegurar la transparencia de los comicios. También para supervisar unas elecciones, en 2004 la OIF envió al abogado Said Agbantu a la República Centroafricana.

Pero si existe un ejemplo del nuevo papel que desempeña la OIF en la escena política internacional, ese es la invitación dirigida a Abdu Diuf por parte de los litigantes en el conflicto del Darfur (Sudán, excolonia inglesa) para que el a la sazón Secretario General de la OIF ejerciera de mediador.

Tal circunstancia demuestra que la OIF transciende las fronteras del mundo excolonial francés, y nos da una idea sobre las interacciones entre dicha organización y la escena política internacional. Por eso, la presente memoria versa fundamentalmente sobre los aspectos políticos de la Francofonía.

Para concluir, y como muestra de que el factor económico también es clave para los miembros de la OIF, y en especial para Francia, apuntemos que la población total que habita en los 75 estados que la componen es de unos 900 millones de personas repartidas por los cinco continentes. Aunque sólo la quinta parte es francófona, semejante cifra constituye un gran mercado multilateral para todos los miembros, pero en especial para Francia, que de todos ellos es el país más poderoso económicamente hablando.

Así pues, y teniendo en cuenta el funcionamiento del mundo del siglo XXI, en este trabajo hemos querido ofrecer una visión distinta a la de la francofonía clásica.

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