Las cuotas de paridad podrían ser definidas como todas aquellas leyes cuyo objetivo es la igualdad de oportunidades para ambos sexos mediante la reserva de un porcentaje estipulado por el gobierno para cada uno de los géneros tanto a nivel institucional como empresarial. España decide sumarse a los otros 44 países con este tipo de leyes vigentes en 2007 durante la legislatura del entonces presidente Jose Luis Rodriguez Zapatero (PSOE) con la finalidad de reducir la discriminación de las mujeres. Gracias a la introducción de esta medida muchas mujeres se vieron beneficiadas encontrando un respaldo para poder hacerse un hueco en la política. Sin embargo, ¿a caso no son estas leyes positivamente discriminatorias de por sí?

 

Cuando hablamos de discriminación hacemos alusión a un trato diferente debido a condiciones de raza, religión o incluso sexo. Tomando como base esta definición es posible observar un tipo de discriminación positiva hacia las mujeres con la adopción de las cuotas de paridad. Teniendo en cuenta que nos encontramos en pleno siglo XXI estos fenómenos deberían de estar totalmente superados. Una mujer debería poder llegar a lo más alto profesionalmente ya sea en el mundo político, empresarial o aquel en el que se quiera desarrollar única y exclusivamente por sus capacidades. Las cuotas de paridad no son únicamente discriminatorias sino que además son perjudiciales para el desarrollo del talento femenino. El simple hecho de introducir estas medidas revela que el género femenino es desigual y que se le debe proporcionar determinadas ayudas para poder tener algún tipo de rol institucional. A pesar de tener un gran número de adeptos creo que deberían ser las mujeres quienes pusiesen fin a este tipo de machismo. Somos nosotras quienes debemos tomar conciencia de nuestra valía personal e impedir que un porcentaje limite nuestras capacidades. Nosotras, como mujeres, deberíamos poder superar las cifras que nos cotejan y demostrar que el talento femenino no tiene límites ni condiciones.

 

En el panorama político el debate está servido, por un lado fuerzas como el PP o Ciudadanos se muestran en contra de las cuotas de paridad apoyándose en el ideal de potenciar la meritocracia. Por otro lado, fuerzas como PSOE o Podemos defienden que este tipo de cuotas favorecen la igualdad de condiciones. La opinión pública está también reñida, sin embargo, una cosa está clara: tanto los hombres como las mujeres deberían poder tener acceso a las mismas condiciones laborales y salariales. Para facilitar este proceso una posible solución sería tomar medidas que favoreciesen complementariedad de la vida familiar y la profesional. La introducción de leyes que velen por la familia así como la adaptación y flexibilidad horaria, potenciarían la igualdad tanto de hombres como de mujeres. Por lo tanto, el desacuerdo radica únicamente en la fórmula de obtener esa igualdad pudiendo ser mediante cuotas o mediante un ideal ciertamente abstracto conocido como meritocracia, donde el talento tiene su mayor expresión.