MADRID, ESPAÑA. Son las 12 de la mañana y el tiempo corre en Torrespaña, las prisas y el estrés son casi palpables hasta que llega Mara Torres. El presente inmediato, con sus crudas noticias parece quedarse congelado para transformarse en una conversación sobre literatura, viajes y periodismo. Por un momento la periodista deja a un lado la actualidad y la Mara escritora comienza a hablar. Su novela La vida imaginaria, que fue finalista del Premio Planeta 2012, cuenta lo que pasa por la cabeza de la protagonista, Nata, cuando Berto la deja.

¿Cuánto hay de literatura en el periodismo y cuanto de periodismo en la literatura?

Mara Torres: Para mí son dos mundos completamente diferenciados. Lo que pasa es que el periodismo tiene tantos matices porque la realidad es muchas veces tan ficticia que supera lo que uno pueda imaginar, pero son dos mundos que están no solo completamente diferenciados, sino que son contrapuestos: la escritura es ficción y el periodismo es realidad. Cuando escribí La vida imaginiaria sí que viví muy bien esa dualidad, porque cuando estaba escribiendo el libro por las mañanas, para mí era una escapada de la realidad pura y dura con la que me enfrentaba por la tarde.

¿Coinciden mejor literatura y los viajes?

Pues sí. Cuando tú viajas a un país tienes muchas posibilidades. Una de ella es que te empapes con la literatura del país, eso te va a dar siempre una visión mucho más global. Cuando yo estuve en México, por ejemplo, llevaba novelas de Carlos Fuentes. No significaba que yo estuviera  disfrutando más de México por que tuviera una novela de Carlos Fuentes, pero desde luego entendía lo que estaba pasando alrededor porque tenía al lado un manual sobre la vida mexicana: eso puede ayudar. Pero diría que mejor que con la literatura, los viajes casan con el periodismo. Siendo periodista viajas todo el tiempo, porque todo el tiempo que estas hablando de informaciones que se producen aquí, en Washington, París o Sudán del sur. El periodismo es una forma de viajar.

¿Puedes recomendar un libro para llevarse a un viaje?

Depende del viaje que hagas, si vas a conocer una cultura nueva, llévate un libro para leer el avión, porque no te va a dar tiempo a leer durante el tiempo que estás disfrutando de un lugar nuevo. Tienes que mojarte de las experiencias, de la gente, de la comida, de la noche , del día. Otra cosa es que vayas a hacer un viaje para relajarte o vayas a estar un montón de horas tumbado en una hamaca. Te dedicaría La delicadeza, o mismo La vida imaginaria, que se lee rápido y te lo fundes en un trayecto en un tren. También los libros de cómics son buenos para los viajes. Aunque lo que siempre recomiendo es que todo lo que tengas, lo vayas apuntando en una libreta donde tú vayas recogiendo todas tus ideas. O sea, que leas y escribas, que si escribes lo que aprendes, luego sacas una lectura mucho más completa.

¿Crees en la literatura como herramienta terapéutica?

Sí, por su puesto. Hay libros que literalmente me han salvado la vida como lectora. Me acuerdo de un libro de Ángel González, Palabra sobre palabra, que fue un cobijo extraordinario en un momento determinado, yo tenía 20 años o 25, me acuerdo cuando lo leí por primera vez. La poesía la he releído muchísimo y cada vez que lees un poema, descubres algo nuevo. Pero sí hay libros que salvan la vida, igual que hay libros que me ponen tan nerviosa que los tengo que esconder porque cuentan cosas que me están removiendo por dentro. Y de hecho, no es la primera vez que cierro un libro y digo: “Va, ya seguiré en otro momento”. No solo me pasa a mí, sino que también le pasa a muchos lectores. La literatura tiene un poder sobre el ser humano extraordinario, conecta con su parte más íntima y con los temas universales que nos han preocupado desde el principio de nuestra existencia: el amor, el paso del tiempo, la conexión con los otros o la relación con el escenario político con el que uno vive.

¿Lo has experimentado con tu primer libro La vida imaginaria?

Con La vida imaginaria viví una experiencia alucinante. He estado un año haciendo gira con el libro, terminé en septiembre y mi última parada fue Zaragoza. Allí tuve un encuentro con lectores, y la última que levantó la mano fue una chica con gafitas que estaba sentada entre el público. Recuerdo que levantó la mano de una forma muy tímida. Me contó que le habían recomendado el libro cuando estaba recién publicado, y ella se acababa de separar. Temía un poco leerlo porque sabía que habla del desamor, algo que le estaba pasando en ese momento: no sabía si estaba muy preparada, pero al final se hizo con él. Y no solo lo leyó una vez, sino que lo releyó, lo subrayó y acabó teniendo una relación tan intensa con ese libro, que al final decidió abandonarlo en un banco del parque. Pero como el libro estaba subrayado y machacado, se escondió durante la tarde a ver si alguien lo cogía. Ella veía que lo ojeaban y lo volvían a dejar en su sitio porque veían que tenía dueña. Al final se marchó, y cuando al día siguiente volvió, el libro ya no estaba. Ella me preguntó: “¿Por qué llamaste al protagonista de tu libro Alberto, que era el nombre de mi novio?”. Entonces yo le dije: “Pues porque estaba pensando en ti”.

Me pareció una historia fantástica para terminar una gira literaria. Tuve la sensación de que se cerraba una especie de ciclo, que me había tirado viajando por toda España con un libro que hablaba sobre el desamor y el viaje terminaba con una historia que engrandecía el libro.

¿Cómo fue el proceso de creación de La vida imaginaria?

Primero fue muy largo. Yo empecé La vida imaginaria cinco años antes de presentarla al Premio Planeta, sin que se me hubiera pasado por la cabeza que pudiera presentarla. Empecé a escribirla y la novela se llamaba Los domingos de mierda porque arrancó un domingo. Era el reflejo de lo que pasaba los domingos después de comer: no sabes qué hacer, tienes mil planes pero al final no haces nada, estás cansada y ya tienes que madrugar el lunes… te sientes un poco sola. Ahí nace el personaje principal y Fortunata Fortuna, para hacerme compañía los domingos por la tarde. O sea, yo la cree para hacerme compañía, pero desde el domingo supe que era un personaje bastante potente y cada vez que los amigos leían parte de lo que estaba escribiendo, me hablaban de Fortunata como si fuera un personaje con identidad propia. Ahí supe que había un germen interesante. Luego dejé abandonada la novela, lo poco que había escrito -noventa folios-, y lo retomé años después con la intención de escribir ya desde la ficción. No tenía nada que ver con escribir para que me hagan compañía. Al principio había mucho de mí, pero luego ya no. Desprendí al personaje de mí: cuando empecé a crear la voz de Fortunata Fortuna, el entorno en el que vivía, los amigos con los que se relacionaba y su mundo en general, ya nada tenía que ver con el mío en ese momento.

¿Y no te costó dar el primer paso de enseñárselo a tu círculo más cercano?

En realidad, mi círculo más cercano lo leyó casi desde el principio. Mis primera cuarenta páginas chapuceras ya las habían leído, en realidad ellos fueron leyendo según yo iba escribiendo. De hecho, yo les hice pasar auténticos suplicios, les sentaba en casa y antes de tomar algo les decía: “Oye, os voy a leer algo de Fortunata”. Entones les hacía leer un capítulo desordenado, a veces ese capítulo no iba correlativo, y la verdad es que nos divertíamos muchísimo.

¿Qué te llevo a estudiar literatura comparada?

Estudié periodismo, hice la carrera, el doctorado en el departamento de Lengua y Literatura y luego me matriculé en el segundo ciclo de Literatura Comprada, que eran dos años, aunque yo solo hice uno. Lo hice compaginándolo ya con mi trabajo, y me costaba mucho. Literatura Comparada era una carrera muy exigente. Estudié retórica y poesía y la verdad es que me tiré todas las navidades estudiando y haciendo trabajos. Al final decidí que ya era suficiente. Pero quería entender lo que leía. Todo lo que te ayude a entender lo que lees es una ventaja para el lector.

¿Cuál fue la asignatura con la que más disfrutaste?

De toda la vida más que Literatura, Lengua. El trabajo en lenguaje, la sintaxis, eso me apasionaba. Me ha gustado desde que era pequeña. Y luego ya en la facultad, cuando di Lengua y Literatura. En literatura me gusta la poesía de los años 50 a la actualidad y la literatura costumbrista. Me gusta mucho Almudena Grandes, me parece que es la mejor escritora en lengua española, me recuerda mucho a la escritura decimonónica de Galdós.

Almudena Grandes, la mejor escritora en lengua española según Mara Torres | Imagen: Álex Casanova

Almudena Grandes, la mejor escritora en lengua española según Mara Torres | Imagen: Álex Casanova

¿Cuál es tu escritor favorito de todos los tiempos?

Estas preguntas son tan difíciles como: ¿Cuál es tu canción favorita? Cada cosa depende del momento en el que la descubres, cada actividad relacionada con el arte: la música, la pintura, la poesía , la novela tiene que ver con el momento vital en el que tú estás haciendo ese descubrimiento. En cada momento de mi vida me fascinó una novela. Durante mucho tiempo me quedé muy prendada de una de la que hablo mucho, Bella del señor, de un escritor francés llamado Albert Cohen. Pero también me he quedado colgada de Delibes, del poeta Ángel González, del poeta Luís García Montero, de Lorca.

¿Volverás a escribir un libro?

Sí, he estado un año sin poder escribir nada porque la gira de La vida imaginaria fue muy potente y luego viajaba cada vez que tenía tiempo libre, no pude escribir. Luego empecé Torres y Reyes, un programa sobre la cultura y el mundo digital con Joaquín Reyes en RTVE, de modo que tampoco podía. Ahora vuelvo a retomar mi vida con la disciplina que ha tenido siempre. Trabajo de cuatro a una de la mañana, y ahora por las mañanas estoy retomando el orden para escribir. Estoy publicando en la revista Elle una vez al mes un artículo de ficción. Una vez que escribo el artículo, empiezo a buscar hueco para ir diseñando la estructura de la nueva novela .

¿Y nos puede adelantar de qué tratará?

Tiene que ver con la dualidad, pero solo podré avanzarte eso. “Imagínate” es el concepto del ser humano, lo que uno es y lo que desea ser, y lo que uno es y cree que es. Un concepto que a mí me acompaña desde hace mucho tiempo.

Por último y ya que con el paso de escribir una novela te has conectado aún más directamente con el mundo de la cultura, ¿cómo ves la cultura en España?

Está herida, y además la política cultural del gobierno está haciendo que se esté desangrado. La subida del 21 % del IVA fue brutal, ha hecho muchísimo daño a un país que necesita la cultura como la necesitamos todos, y el gobierno tiene que acercarla a la gente. Porque ir al cine, ir a un concierto, ir a un teatro, ver una exposición, es algo que te hace crecer como ser humano a todos los niveles. No lo puedes convertir en algo prohibitivo, sino en algo accesible porque va a ser beneficioso, porque despierta inquietudes, porque te hace conocer el mundo que te rodea, porque alimenta el espíritu cultural. No sé por qué, yo creo que una persona cultivada es una persona a la que cuesta más convencer, y entonces eleva su nivel de exigencia. La política se tiene que plantear que gobierna para gente exigente, no para gente que no piensa.

¿Crees en el mecenazgo como futura solución?

Lo que creo es que tiene que haber apoyo del gobierno a los creadores y que facilite el acceso a los ciudadanos. La fórmula mágica es aquélla en la que los creadores puedan crear y sientan el apoyo por parte de sus gobernantes, y que los ciudadanos podamos disfrutar de de ese arte y sintamos el apoyo de nuestro gobierno: o sea, que nos lo facilite, no que nos lo entorpezca. El ejemplo de las entradas de cine a 3 euros fue sorprendente, pero claro, ¡quién podía pensar que eso no podía funcionar, quien podía pensar que las largas colas que se formaron para ir al cine serían una sorpresa! Lo sorprendente es que con el precio de una entrada normal, vaya una familia entera. La gente no está dispuesta muchas veces a hacer ese esfuerzo con la crisis que tenemos encima. Lo que sé es que la gente está deseando ir al cine, y si tú pones unos precios asequibles, la gente va; si tú haces entradas gratuitas, la gente va. La exposición en el Reina Sofía, por ejemplo, ha arrasado, ha sido la que más éxito ha tenido.

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La periodista Mara Torres ha trabajado en el programa de Iñaki Gabilondo “Hoy por hoy”, además de en los programas de emisora local de la Cadena SER “Hola Madrid” y “La Gran Evasión”. También dirigió y presentó durante tres años el programa de entrevistas”A contraluz”, así como el programa líder en las madrugadas radiofónicas “Hablar por hablar” de la misma cadena. Su trabajo en “La 2 Noticias” también le abrió un hueco en el panorama televisivo, en el que continúa actualmente en el  programa “Torres y Reyes” junto al humorista Joaquín Reyes. Ahora, combina sus labores de periodista con las de escritora.