LA BATALLA DE NORMANDIA (LA INVASIÓN DE EUROPA-EL ASALTO A LAS PLAYAS DE FRANCIA)  X PARTE

LOS DESEMBARCOS ALIADOS 6-7 DE JUNIO

OMAHA

En la Playa Omaha, sin embargo, la 1ª y 29ª Divisiones que formaban parte del V Cuerpo de Ejército bajo el mando del general Leonard  T. Gerow, desembarcando 34.025 hombres en la playa, los cuales al desembarcar perdieron la mayor parte de sus ingenieros y de sus carros de combate de apoyo antes de alcanzar la costa, dominada por posiciones alemanas desde un elevado promontorio. Los norteamericanos se vieron inesperadamente enfrentados no sólo al 726º Regimiento de Granaderos de la 716 División Estática (La única fuerza defensora que habían esperado hallar en la zona, según los servicios de Inteligencia aliados), sino también a los Regimientos 914 y 916 de la 352ª División, una formación ya veterana que había sido asignada a la defensa de Normandía en enero de 1944 y había pasado desapercibida para los servicios de Inteligencia aliados. El ataque inicial sobre la playa de Omaha debía ser protagonizado por 1.450 hombres embarcados en 36 lanchas de desembarco, los integrantes del 116 Regimiento de la 29º División de Infantería. Este regimiento estaba al mando del coronel George Taylor. También desembarco el 16 Regimiento del coronel Newton, de la 1ª División, la Big Red One (La Uno Grande Rojo). La zona de desembarco se había dividido en tres playas: Easy, Dog y Fox y cada una de estas, en tres más; denominadas Red, Green y White.

Cada soldado aliado portaba una carga con la leyenda “menú sugerido”, una estudiada ración alimenticia para las primeras 24h.: diez galletas, azúcar, té, leche en polvo, una pastilla de concentrado de carne, una tableta de chocolate y otras dos de chocolate con pasas, y sal, además de papel higiénico y un infiernillo. Los norteamericanos reciben dos postales ya impresas (“Estoy bien” y “Fui herido, pero estoy bien”) y el mensaje de Eisenhower: “Los ojos del mundo están puestos en vosotros. Las esperanzas y las plegarias de las personas amantes de la libertad van con vosotros. En compañía de nuestros valientes aliados y hermanos en armas en otros frentes, conseguiréis la destrucción de la máquina de guerra alemana, la eliminación de la tiranía nazi sobre los pueblos oprimidos de Europa, y seguridad para nosotros en un mundo libre…” En el momento del desembarco los soldados aliados que comprendían la primera oleada, efectivos de los Equipos de Combate de Regimiento (RCT) de la 1ª División, 29º División y 4ª División de los EEUU que desembarcarían en las playas de Utah y Omaha, mientras que en las playas anglocanadienses, la 50ª División Northumberland británica, la 3ª División canadiense y la 3ª División británica, junto con unidades de rangers y comandos, empezaron a acercarse a los costados de los buques de transporte para pasar a las lanchas de desembarco que les llevarían hasta la playa. Muchos de aquellos hombres llevaban embarcados desde el 1 de junio, y habían sido alimentados con comida fría. Algunos estaban débiles y fatigados debido al mareo, lo que al descender por las redes de cuerda se convirtió en una operación infernal, ya que algunos de ellos cayeron al mar. Si calculabas mal donde caer en la lancha, podías morir ahogado o aplastado entre los barcos nodriza y la lancha de desembarco.  A todas estas incomodidades había que añadir que los soldados estaban calados por la fría espuma salada y sus propios vómitos, y que a lo largo de la playa había neblina y humo que disminuía la visibilidad de los artilleros de los cruceros y destructores.

Por eso no fue demasiado efectivo el apoyo de fuego naval. Luego, conforme se acercaba al borde de la playa se dieron cuenta, con horror, de su difícil situación. Oyeron como las balas de las ametralladoras impactaban sobre las rampas, y lo último que pudieron ver algunos de los que ocupaban las primeras filas, fueron las balas rebotando en el agua, cuando los alemanes disparaban directamente sobre la masa humana que permanecía en la parte central y descubierta de los barcos, matando e hiriendo a los soldados incluso antes de que lograsen salir de allí. El pánico se adueño de los hombres, se lanzaban por la borda a las más profundas aguas, o abandonaban las rampas intentando zambullirse bajo el agua para protegerse. A algunos les hundía el peso de su propio equipo. Otros abandonaban sus mochilas y armas para nadar hasta la playa. Los que conseguían ir lejos, tenían que enfrentarse con un potente fuego de enfilada, mientras cruzaban la arena buscando la protección del dique. La segunda oleada sufrió tanto como la primera. Sin embargo, las sucesivas lo tuvieron un poco más fácil porque había tantos objetivos que los alemanes tenían que disparar el fuego de sus ametralladoras, fusiles y morteros. Entre los soldados que murieron en Omaha estaban también 19 de los 34 soldados nacidos de una misma ciudad, Bedfort (Virginia). Ninguna otra comunidad estadounidense o británica perdió una proporción de soldados tan alta el Día-D. La fuerza asaltante americana se mantenía desesperadamente en el pequeño trozo de Francia que había liberado, bajo el dique de Omaha. A eso de la 12h, el teniente general Bradley consideró la posibilidad de que las tropas que iban llegando se desviaran desde Omaha, bien a la playa Utah, o a las playas anglocanadienses. Optó por no hacerlo y fue una decisión acertada. El desembarco en Omaha fue un auténtico desastre militar, la infantería recibió un diluvio de fuego. La corriente arrastra los lanchones de desembarco, los solados se marean, los ingenieros solo logran abrir seis vías de acceso no balizadas. Aquí no aciertan ni la preparación artillera naval ni los bombardeos para acallar los cañones alemanes de la costa.

La primera oleada en Omaha sufrió el 90% de bajas y la media de los hombres que desembarcaron tenían 21 años. En la primera oleada iba un norteamericano armado con solo una cámara fotográfica. Aquel corresponsal y fotógrafo de guerra era Robert Cappa, el cual hizo unas fotografías espléndidas de los primeros momentos del asalto a las playas. Pero tal y como lo explica Cappa, le entro el pánico y el terror se adueño de el, haciendo lo primero que se le paso por la cabeza, abandonó la playa, se dirigió a una de las lanchas Higgins que estaban recogiendo a los heridos y huyó. Horas más tarde regresó, cuando se abrió la brecha y las tropas empezaron a avanzar hacia el interior. Sus fotografías fueron publicadas en la revista Life el 19 de junio, Cappa murió 10 años más tarde en 1954, al pisar una mina en un campo de batalla de Indochina.. De los 29 carros anfibios que han salido de puerto sólo dos alcanzaran la orilla.

Después de 3.000 muertos, ya por la tarde, los norteamericanos lograran por fin tomar la cabeza de playa. No ha sido un camino de rosas. Los aliados necesitaran tres días para conquistar los 100 kilómetros cuadrados que habían previsto ocupar al anochecer del Día D. De los 32 carros de combate que debían tomar tierra para proporcionar a la infantería fuego de cobertura, sólo 5 lograron alcanzar la playa. De 16 blindados embarcados, tan sólo 3 y ninguna pieza de artillería lo consiguió. Los 270 ingenieros que tenían la misión de abrirse paso a través del Jardín del Diablo de Rommel para la segunda oleada fueron reducidos por el mismo fuego intenso de ametralladora que tan encarnizadamente había barrido a la infantería de la primera oleada. Los oficiales de alto rango andaban de un lado para otro de las playas, tratando de infundir valor y motivación a los soldados que allí combatían. El coronel George Taylor al mando del 116 Regimiento de Infantería de la 29º División, les dijo a sus hombres. “Tan sólo dos tipos de hombres se van a quedar en esta playa, los muertos y los que van a morir. Así que moveos y salgamos de aquí” ordenó a sus hombres que cogieran las armas y municiones de los hombres muertos y los que se encontraban heridos y lucharan por salir de la playa.  El fuego alemán en Omaha era muy intenso. Según relata Franz Gorkel en sus memorias, sargento de una compañía de ametralladoras de la 352 División que guarnecía la playa de Omaha: “En siete horas y media de combates dispare desde mi ametralladora MG-42 más de 12.000 proyectiles sobre las tropas que desembarcaban. No podíamos creer que con las bajas que les estábamos infligiendo continuaran desembarcando más soldados en la playa. Después de la guerra me hice amigo de varios soldados norteamericanos que habían desembarcado en la playa y comentábamos que tanto ellos como nosotros, rezábamos y nos matábamos a la vez” Omaha se convirtió en una batalla cruel y sangrienta, que terminó a las 15.00 de la tarde.